Internet: ¿arma o herramienta?

El pasado 3 de Octubre se celebró en la Audiencia Provincial de Madrid un Juicio por agresión sexual en el que tuve la ocasión de participar como perito. Es posible que el lector se pregunte qué hace un perito informático en una Vista en la que se juzga un delito de esa categoría. La razón es que el agresor captaba a sus víctimas a través de las redes sociales. Y digo captaba porque el sujeto lleva ya dos años en prisión preventiva. El hombre, de 55 años de edad, creaba perfiles en los que se hacía pasar por adolescente. Así era como "les entraba" a las niñas, sus potenciales víctimas, de entre 11 y 14 años. Pero ahí no acaba todo. El tipo tenía múltiples perfiles en los que se hacía pasar por diferentes personajes: hombres, mujeres, supuestos adivinos, y un largo y estremecedor etcétera. Toda una maquinaria diseñada para ganarse la confianza de sus víctimas. Cuando lo conseguía, intimaba más y más con ellas, hasta que lograba que le enviasen imágenes comprometedoras, o incluso mantener relaciones sexuales con las niñas. Si con el tiempo alguna de las víctimas declinaba seguir enviándole imágenes o seguir citándose con él, el sujeto las extorsionaba hasta el punto de ponerlas, en algún caso, al borde del suicidio.

Ante un escenario como el descrito en el párrafo anterior y mientras esperaba en los pasillos a que llegase mi turno para declarar (momento que tardó 9 horas en llegar), me preocupaba un comentario que se repetía en boca de muchos de los allí congregados (policías, psiquiatras, abogados, etc). Se repetían las frases como "Desde que llegó Internet, hay mucha más delincuencia de este tipo", o "Esto de las redes sociales lo tenían que prohibir". También alguien apuntó: "Pues yo no compro nada en Internet ni de broma. Que creo que se hacen con tu tarjeta y te quitan hasta la camisa".

El redactor de esta entrada comprende la inquietud de las personas allí presentes e incluso hasta cierto punto suscribe algunos de los comentarios. Sin embargo no debemos olvidar que Internet, las redes sociales y la tecnología en general, son el resultado de miles de años de evolución. La tecnología bien utilizada es sin duda una herramienta de valor incalculable. Tenemos móviles capaces de transmitir nuestra posición exacta en caso de emergencia; podemos predecir la llegada de catástrofes naturales de manera bastante precisa; las personas pueden hablar entre sí a decenas de miles de kilómetros sin que les cueste un céntimo; tenemos acceso a cualquier información, por compleja y novedosa que sea prácticamente en segundos. En resumen, este artículo podría extenderse durante páginas y páginas enumerando cosas que ahora están a nuestro alcance y que no lo estaban hace tan sólo 20 años. Sin perjuicio de lo anterior, es evidente que cualquier herramienta puede ser al mismo tiempo utilizada como arma. De hecho, una buena parte de los avances tecnológicos que ahora utilizamos tiene su origen en la tecnología militar. Sin embargo esto no puede constituir un óbice para el progreso tecnológico. Sería como considerar que los vehículos a motor deben ser extinguidos ante la posibilidad de que alguien utilice su coche como arma y mate a alguien.

Para bien o para mal, la tecnología evoluciona cada vez más deprisa. Se podría decir que la tecnología se auto alimenta a base de sus propios logros. Es decir, cada nuevo avance tecnológico permite crear más tecnología y permite hacerlo más deprisa. Esto provoca en ocasiones que cuando aún no hemos terminado de asimilar algo nuevo, ya tenemos encima la siguiente versión. Cuando digo que no hemos asimilado un determinado avance, me refiero especialmente a que no hemos llegado a calcular cuáles son sus potenciales riesgos y el alcance de los mismos. De otro modo no no se explica el hecho de que a día de hoy haya un importante número de personas tratando de eliminar el rastro de desafortunadas fotografías que decidieron facilitarle a algún contacto "de confianza" en su red social favorita y que ahora por despecho han hecho circular públicamente para el resto de usuarios de la misma u otras redes. De hecho, me consta que se está convirtiendo en práctica habitual por parte de los departamentos de recursos humanos de las empresas buscar información en Internet sobre los candidatos que se presentan a cubrir un determinado puesto de trabajo.

Aún nos queda mucho camino por recorrer en esto de lo tecnológico. Recuerdo con nitidez cómo era el mundo hace tan sólo 20 años, y me da vértigo pensar en cómo será dentro de otros tantos. Por eso hemos de estar preparados y que la tecnología sea nuestro aliado, y no un arma con la que golpear o con la que nos golpeen. Para esto, nuestro principal aliado será siempre el mismo: el sentido común.

 

Juan Martos

Director General de IIN

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